En 1952 Carlos Ibáñez del Campo fue nuevamente electo presidente,[n 9] precedido de una profunda desafección ciudadana a los partidos políticos y la participación, por primera vez, de las mujeres en elecciones presidenciales.[109] El apoyo popular se dispersó con el correr de su mandato tras dificultades en la implementación de un programa de gobierno adscrito al nacionalismo populista.[
Cambiar fondo del poema
En el año cincuenta y dos,
bajo cielos de esperanza y canto,
Carlos Ibáñez alzó su voz,
con un pueblo que buscaba encanto.
Mujeres, con votos recién nacidos,
tejieron sueños en el viento,
rompiendo muros hasta el olvido,
unidas en su gran momento.
Mas el gobierno, como un río,
entre rocas se desvió,
la promesa hecha del brío
con el tiempo se erosionó.
Nacionalismo enarbolado,
en su bandera pasión flameaba,
pero el pueblo, desengañado,
de su fe poco quedaba.
Caminos de historia y de lucha,
en cada elección reescritos,
rememoran la voz que escucha,
a tiempos y votos distintos.