En mil novecientos cincuenta y ocho nació
un liderazgo nuevo en la nación,
Jorge Alessandri, con manos de hierro,
frente al caos de la tierra y su conmoción.
La tierra tembló, Valdivia lloraba,
pero el fútbol en Chile no se detuvo,
mientras las reformas, la tierra cambiaban,
y la Alianza Latinoamericana se unió.
Frei Montalva con su revolución libre,
intentó cambiar el suelo, la sangre y el cobre,
bajo su mano firmó la historia,
aunque el fuego del descontento se encendió.
Luego Allende llegó, el poder encontró,
con sueños de pueblo y cobre nacionalizó,
pero entre el frío y la política se perdió,
y los cielos de Chile oscurecieron.
Once de septiembre, el golpe cayó,
el palacio fue sitiado, la voz se silenció.
Pinochet apareció, dictadura se instauró,
mientras el pueblo sufría, en un mar de opresión.
Se habló del milagro en economía,
mientras los derechos en polvo se tornaban,
islas disputadas, fronteras frías,
y la voz de un pueblo que nunca callaba.
Así Chile vivió, entre sombras y luz,
con sueños quebrados, pero siempre de pie,
la historia es cicatriz y también es virtud,
de un país que lucha, que canta y que cree.