Y entonces soñé que la risa de la gente era sincera, que las miradas hablaban sin miedo, que nadie conocía el hambre, ni el frío ni la soledad.Soñé que la bondad no era un gesto aislado, sino el idioma universal.Soñé un mundo que no dolía, donde la vida era abrazo, paz y generosidad.Y al despertar quise quedarme allí, porque ese sueño era la realidad que yo buscaba.
Cambiar fondo del poema
Y entonces soñé un mundo sin cadenas,
donde la risa era un canto verdadero,
las miradas susurros sinceros,
y el hambre, el frío y la soledad, leyendas lejanas.
Soñé que la bondad era el idioma
que todos hablaban, sin fronteras,
una melodía dulce y generosa
que abrazaba cada rincón del alma.
Un mundo que no dolía, un suspiro de paz,
donde la vida era un río de abrazos,
una danza de luz sin fin, sin pausa,
la realidad que en mi pecho anhelaba.
Al despertar, quise volver a ese refugio
donde el sueño era la tierra prometida,
porque allí, en el abrazo de lo imposible,
hallé la realidad que mi corazón buscaba.