Era el modelo de la perfección, lleno de sabiduría y perfecta belleza. Estaba en el Edén, el jardín de Dios, adornado con toda clase de piedras preciosas: rubí, topacio y jaspe; crisólito, ónice y jade; zafiro, turquesa y esmeralda; mis engarces y monturas estaban hechos de oro. Todo eso se preparó el día en que fui creado.Me puse como el querubín protector, el ungido. Estaba en la montaña santa de Dios y paseabas entre piedras de fuego.
Cambiar fondo del poema
En el Edén de eterna maravilla,
fui yo, modelo de perfección divina,
bajo cielo azur de sabiduría,
bella criatura entre esmeralda fina.
Con rubí y topacio me adornaron,
el jaspe al ojo su fulgor cedía,
el ónice y el jade me abrazaron,
y el oro, mi belleza sostenía.
Fue aquel día que el destino hallado,
como querubín ungido protector,
en la santa montaña fui elevado,
paseando entre piedras de ardor.
Monturas de oro, piedras preciosas,
cuerpo hecho de esencia celestial,
yo, entre fuegos y noches hermosas,
caminé en el jardín divinal.