Este pueblo tan bonito que se encarama a esa cresta es Montejicar. El pueblo de mi padre y de mis abuelos. Del que se fueron, por necesidad, hace muchos años. Hace unos días he vuelto a verlo, después de muchísimo tiempo, con mucha emoción, a un lugar que siempre fue especial para ellos, pese a la lejanía. Y los he recordado intensamente y ha sido muy bonito. Los echo mucho de menos.
Cambiar fondo del poema
En la cima reposa Montejícar,
conde del viento y del sol,
donde mis raíces susurran
historias de antaño, calor.
De sus calles partieron un día
mi padre y abuelos, valientes,
con sueños urgentes por guías,
dejando atrás esas fuentes.
Regreso con ojos cargados,
la emoción en el alma florece,
las sombras de aquellos amados
el corazón enternece.
Desde lejos nunca murió
este amor que en mí reposa,
y aunque la distancia nos vio,
vuelvo al pueblo, mi rosa.
Hoy les recuerdo con ansias,
y en el viento siento su voz,
en Montejícar aún danza
el eco de nuestro adiós.