El tiempo sigue su danza,
sin pliegues en su compás,
mientras la conciencia avanza,
se dobla en noches de paz.
Eterna es la línea del viento,
que nunca se ve marchar,
pero el alma en su momento,
se atreve a reinterpretar.
El reloj con firme esencia,
no cede a la tempestad,
más la mente en su presencia,
teje sueños de realidad.
Así el tiempo es un estanco,
fluir que nunca cedió,
pero la conciencia, en un parpadeo,
se pliega como un crespón.