En la última hoja de otoño,
escribo versos de bronce y viento.
El oro se desvanece,
bajo un cielo que susurra adioses.
Mis palabras, hojas al destino,
navegan en silencio,
cruzando el arco iris de ocres,
hasta el abrazo del invierno.
Cuando el árbol quede desnudo,
y la tierra guarde su suspiro,
mis poemas, en el vientre del frío,
esperarán el renacer del fuego.