Y me podré despedir de ti una y mío veces , pero seamos realistas, no se cómo irme. Ni siquiera quiero hacerlo
Cambiar fondo del poema
En el adiós que nunca acaba,
donde el eco del "hasta luego"
se repite como un viejo canto,
encuentro mi refugio incierto.
La senda parece clara,
mas mis pasos se deshacen
como arena entre los dedos,
renuencia que me sobrecoge.
¿Cómo irme si en mi pecho
anida un anhelo perenne,
que se aferra al dulce instante
de mirarnos una vez más?
Despedirse es un murmullo,
un viento que ignora el fin.
Pero en mí, el deseo se enreda
en la danza de un para siempre.