Oh, misterio sagrado en el pecho late,
en la danza del cuerpo, tembloroso arte.
Río de fuego que al alma abate,
susurros de viento en su dulce parte.
Cumbre dorada donde el mundo aparto,
en suspiro eterno, me entrego, me harto.
El eco del éxtasis, un canto comparto,
fuego celestial, mi momento santuario.
El alma se eleva, la piel se descubre,
y en ese instante todo se cubre
de luz infinita, el deseo que encubre
la oda sutil que en mi ser redescubre.