Los verdaderos recuerdos no son fechas que se pierden en un calendario viejo, ni escenas nítidas que el tiempo se empeña en borrar. Son las emociones que dejaron en nosotros. Recordamos como nos hicieron sentir, como un pequeño momento se convirtió en eternidad, como una mirada, una palabra o un silencio nos cambió un poco por dentro.Y eso es la memoria: un puñado de emociones que sobreviven al olvido.
Cambiar fondo del poema
En el rincón del alma se quedan,
no en números que el tiempo devora,
sino en la luz que a veces llora,
donde las sombras nunca se acuerdan.
Recuerdos que el calendario olvida,
se aferran al corazón ardiente,
más vivos que un sol en el poniente,
emoción que en el latido anida.
Un suspiro, una mirada callada,
silencios que gritan al destino,
pequeños gestos de un viaje divino,
latidos que encierran la jornada.
Sobreviven al olvido profundo,
las emociones que nos conmovieron.
Son eternidad en un segundo
y en nuestra piel, para siempre, se hicieron.