Aquel que deja para después un gusto, un amor o un café, no entiende lo efímera que es la vida.
Cambiar fondo del poema
En la danza breve del instante,
guardas el gusto, el amor, el café,
como si el tiempo fuese constante,
sin ver que el alba no vuelve otra vez.
Quien dilata el sorbo pendiente
y aplaza caricias al atardecer,
olvida que la vida es un torrente,
un río que fluye sin retroceder.
El café se enfría, los labios callan,
en el latir del ahora, se halla la fe;
el reloj no espera, y las sombras fallan,
trazando historias en papel de café.
Vive, siembra besos, bebe cada sorbo,
que el destino frágil danza al borde;
el futuro es niebla, solvencia es un asombro,
y el ahora, un eco que recordarás desde el orbe.