Los verdaderos recuerdos no son fechas que se pierden en un calendario viejo, ni escenas nítidas que el tiempo se empeña en borrar. Son las emociones que dejaron en nosotros. Recordamos como nos hicieron sentir, como un pequeño momento se convirtió en eternidad, como una mirada, una palabra o un silencio nos cambió un poco por dentro.Y eso es la memoria: un puñado de emociones que sobreviven al olvido.
Cambiar fondo del poema
En el rincón del alma se guardan,
no fechas que el calendario olvida,
sino ecos que el tiempo aviva:
emociones que nunca se apagan.
No son escenas nítidas que resbalan,
sino el susurro que el corazón traduce,
miradas que el alma induce,
silencios que en el ser se instalan.
Un instante se vuelve eternidad
cuando el sentimiento lo envuelve,
las palabras se graban, no se disuelven,
y el alma halla su verdad.
Así se teje la memoria viva,
con hilos de emociones que resisten,
frente al olvido que insiste
en borrar lo que el alma aviva.