Somos amantes, susurro que en la noche se desangra,dos sombras que se buscan bajo la luna herida.Tu aliento roza mi nombre como un conjuro antiguo,y mi piel despierta el eco de un deseo prohibido.En los vitrales rotos vibra el pulso de tu mirada,un fuego oscuro que me arrastra hacia tu abismo.Me tocas y tiemblan los muros del silencio,como si la eternidad observara lo que escondemos.Somos amantes, envueltos en terciopelo y penumbra,tu voz me amarra con hilos de sombras dulces.Beso tus palabras antes de que caigan al suelo,como pétalos negros cargados de calma y pecado.Tu presencia me invade como un eclipse lento,mi alma se entrega a tu sombra sin resistencia.En tus manos late un destino que me seduce,y en tu cercanía tiembla mi última defensa.Somos amantes, dueños de un pacto nocturno,prisioneros felices del deseo que renace.En tus brazos el mundo se vuelve un secreto oscuro,y mi espíritu danza contigo en eternos atardeceres de sangre y caricia.Cinco estrofas
Cambiar fondo del poema
Somos amantes, susurros que se desangran en la noche,
dos sombras que se buscan bajo la luna herida.
Tu aliento roza mi nombre como un conjuro antiguo,
y mi piel despierta el eco de un deseo prohibido.
En los vitrales rotos vibra el pulso de tu mirada,
un fuego oscuro que me arrastra hacia tu abismo.
Me tocas y tiemblan los muros del silencio,
como si la eternidad observara lo que escondemos.
Somos amantes, envueltos en terciopelo y penumbra,
tu voz me amarra con hilos de sombras dulces.
Beso tus palabras antes de que caigan al suelo,
como pétalos negros cargados de calma y pecado.
Tu presencia me invade como un eclipse lento,
mi alma se entrega a tu sombra sin resistencia.
En tus manos late un destino que me seduce,
y en tu cercanía tiembla mi última defensa.
Somos amantes, dueños de un pacto nocturno,
prisioneros felices del deseo que renace.
En tus brazos el mundo se vuelve un secreto oscuro,
y mi espíritu danza contigo en eternos atardeceres
de sangre y caricia.