Queridos padres:Hoy me dirijo a ustedes con el corazón abierto, con palabras que he guardado durante años y que, de algún modo, necesitan encontrar su lugar. A veces me pregunto qué habría sido de mi vida si aquel abandono, cuando apenas tenía cuatro años, no hubiera sucedido. Me cuestiono si mi destino habría tomado otro rumbo, si mi infancia habría estado marcada por menos vacíos o si la persona que soy hoy existiría de otra forma.No les oculto que crecí con heridas. La ausencia deja marcas que no se borran fácilmente. Hubo noches en que me pregunté por qué no estuvieron, días en que sentí que me faltaba una parte esencial para entender quién era. Ese reclamo silencioso me acompañó durante mucho tiempo, y aún hoy aparece de vez en cuando como un eco que no termina de apagarse.Pero, al mismo tiempo, he llegado a comprender que la vida transforma todo, incluso el dolor. Gracias a esa falta, aprendí a ser fuerte. Gracias a ese vacío, busqué llenarme de propósitos. Y es posible que, sin esa historia dolorosa, no fuese hoy el profesional que soy en el campo de la educación, alguien que entiende el valor de acompañar, de orientar, de no dejar solo a quien necesita una mano.Quizás, de haber tenido otra infancia, no habría aprendido a mirar el mundo con la sensibilidad que hoy tengo. Quizás no habría desarrollado la determinación que me llevó a superarme. Por eso, aunque suene contradictorio, entre el reclamo y la nostalgia también aparece un agradecimiento: porque, aun sin quererlo, su ausencia me enseñó a construirme.No escribo para juzgar, sino para liberar. Para que estas palabras sean un puente, no una herida.Con sinceridad,Emiro DavidSeis estrofas
Cambiar fondo del poema
Queridos padres, hoy mi voz se alza,
con el corazón abierto, quiero hablar,
palabras guardadas buscan su balanza,
encontrar su lugar para no callar.
A menudo pienso en lo que no fue,
en el destino que pudo ser distinto,
si aquel abandono nunca sucedió,
menos vacíos habría en mi instinto.
Crecí con heridas que no se borran,
la ausencia deja su huella en la piel,
noches de preguntas que aún rondan,
días sin una parte esencial de mi ser.
Pero la vida todo transforma al paso,
del dolor surgió mi fortaleza tenaz,
en el vacío encontré propósito y lazo,
en educación, mi refugio y paz.
Tal vez otra infancia no me enseñara,
a mirar el mundo con sensibilidad,
la determinación que en mí se forjara,
sin ese dolor, tal vez no sería verdad.
Escribo no para juzgar, sino para sanar,
que estas palabras construyan un puente,
agradezco, aunque suene contradictorio,
en su ausencia, me aprendí a crear valiente.