Si pudiéramos volver a ver la vida con los ojos de un niño, la Navidad tendría ese brillo antiguo que nunca se apaga. Las luces no serían solo adornos: serían como pequeñas estrellas que bajan del cielo cada mes de diciembre para recordarnos que aún queda magia en el mundo.Con ojos puros de los niños, la Navidad no sería una fecha, sería una emoción. Una forma de creer que lo imposible a veces simplemente tarda un poco más.Y quizá descubriríamos que la ilusión nunca se fue de nosotros, solo estaba esperando a que la miráramos como antes: con inocencia...
Cambiar fondo del poema
Si pudiéramos ver la vida
con ojos de niños, resplandor,
la Navidad sería la vida
en un suspiro de amor.
Las luces, no simples decoros,
serían estrellas danzarinas,
bajando del cielo en coros
de promesas genuinas.
Cada diciembre, el mundo canta,
suena el eco de lo imposible,
la ilusión se levanta
en un diciembre visible.
No más fechas, solo emoción;
en corazones, fiel secreto,
tal vez descubriendo la razón
de la magia en su silueta.
Con inocencia, allí hallarías
que la ilusión nunca partió;
siempre ha aguardado, en mil días,
con un niño en su esplendor.