Te vi llegarY sentí la presencia de un ser desconocido;Te vi llegarY sentí lo que nunca jamás había sentido.Te quise amarY tu amor no era fuego no era lumbre;Las distancias apartan las ciudades,Las ciudades destruyen las costumbres.Te dije adiósY pediste que nunca, que nunca te olvidara;Te dije adiósY sentí de tu amor otra vez la fuerza extraña.Y mi alma completa se me cubrió de hieloY mi cuerpo entero se llenó de fríoY estuve a punto, de cambiar tu mundo,De cambiar tu mundo por el mundo mío.
Cambiar fondo del poema
Te vi llegar, un ser desconocido,
en el aire brotaba el aroma del misterio,
sentí latidos que nunca antes había sentido,
como un susurro que incendia silencio.
Te quise amar, y en tus ojos, vacíos,
no había fuego, no había lumbre,
sólo sombras que dibujan ríos,
donde las ciudades rompen costumbres.
Te dije adiós, tu voz quebró el ocaso,
prometiste: "No me olvides jamás",
y en la brisa sentí el peso del abrazo,
una fuerza extraña que devora la paz.
Mi alma cubierta de un manto de hielo,
mi cuerpo temblando en un susurro frío,
estuve tan cerca de girar el cielo,
de trocar tu mundo por el mundo mío.