Pajito va un pajecito / huyendo del rey HerodesPajito va un pajecito huyendo del rey Herodesy en el camino pasaron muchas hambres y caloresAl niño le llevan con mucho cuidado,porque el rey Herodes quiere degollarlo.Allí tomaron camino, a un labrador que allí vieronLe ha preguntado la Virgen: -Labrador, ¿qué estás haciendo?El labrador dice: -Señora, sembrandounas pocas piedras para el otro año.Fue tanta la multitud que el Señor le dio de piedras,que parecían peñascos de aquellas ásperas sierras.Y este es el castigo que el Señor le ha dadoa aquel labrador por ser mal hablado.Allí tomaron camino y a otro labrador que vieronla Virgen le ha preguntado: -Labrador, ¿qué estás haciendo?Y el labrador dice: -Señora, sembrandoun poco de trigo para aquí a otro año.-Vente mañana a segarlo sin ninguna detenciónque esta fineza te ha dado el divino Creador .Si alguno viniera por mi preguntando,le dirás nos vistes estando sembrando.Estando segando el trigo vinieron los de a caballopor una mujer y un hombre y un niño van preguntando.y el labrador dice que estando sembrandoen un borriquillo por alli pasaron.-¿Qué señas lleva esa gente? No nos las niegue usted, no.-La mujer era bonita y el niño parece un sol;el hombre parece ser algo más viejoque a la mujer lleva quince años y medio.Y de reniegos que echaban vuelven atrás los caballosque no han podido lograr el intento que llevaron;El intento era de meterles presos,Y matar al Niño aquel rey soberbio.
Cambiar fondo del poema
En un sendero perdido en la historia,
un pajecito huye de la ira de un rey,
Herodes en sus palacios forja memorias
de sangre, pero el Niño se escapa de su ley.
Con hambre y sollozos avanza el camino,
José y María, protectores del sol,
el infante divino, de tan puro destino,
se oculta del odio que el rey diseñó.
Encuentran al labrador, semillas rociando,
su boca tejía con piedras el suelo,
un castigo divino por andar murmurando,
peñascos crecieron brutal bajo el cielo.
Mas otro buen hombre, trigo va sembrando,
la Virgen se acerca, bendice su afán,
el labrador, humilde, sigue su mando,
y el Señor multiplica su grano tempano.
Vinieron jinetes con preguntas arduas,
una mujer, un hombre y un niño buscaban,
el labrador, con cuidado y sin grandes audacias,
oculta a la Sagrada Familia que pasaba.
Y así, entre caminos de fe y de resguardo,
la historia se teje de amor y redención,
el rey aún perdió, el Niño sagrado
en los brazos de María, encuentra protección.