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La muerte siempre tiene nombre propio. Cuando alguien muere, decimos: murió Juan o murió María. La muerte nos pertenece; nadie puede morir por nosotros. Entonces, la vida también nos pertenece. Y si nadie va a morir por nosotros, ¿por qué dejamos que otros vivan por nosotros?Cuatro estrofas

La muerte viene con su manto,  
con nombre propio se aproxima,  
lleva a Juan en su quebranto,  
a María, que silenciosa rima.  

Cada alma lleva su historia,  
nadie más puede la cruz cargar,  
la muerte es propia, esa es su gloria,  
y la vida, a solas, aprender a amar.  

¿Por qué, entonces, ceder la vida,  
y que otros la vivan por nosotros,  
si en el ocaso no habrá salida,  
ni manos ajenas, ni rostros?  

Tomemos el timón sin demora,  
vivamos intensos nuestra jornada,  
pues al final, la parca implora,  
una única vida, y su retirada.

Cambiar fondo del poema

La muerte viene con su manto, con nombre propio se aproxima, lleva a Juan en su quebranto, a María, que silenciosa rima. Cada alma lleva su historia, nadie más puede la cruz cargar, la muerte es propia, esa es su gloria, y la vida, a solas, aprender a amar. ¿Por qué, entonces, ceder la vida, y que otros la vivan por nosotros, si en el ocaso no habrá salida, ni manos ajenas, ni rostros? Tomemos el timón sin demora, vivamos intensos nuestra jornada, pues al final, la parca implora, una única vida, y su retirada.