Qué harías si tu existencia te causara tanta agonía y sufrimiento que tu mayor deseo es dejar de existir, a su vez eres un ser tan poderoso que no te lo puedes permitir, eres un Dios. Un Dios condenado a vivir.
Cambiar fondo del poema
En la bóveda eterna del dolor,
donde los astros lloran su lamento,
yo, un dios encadenado al firmamento,
siento el filo cruel de mi propio clamor.
Si pudiera ceder a la penumbra
que envuelve mi esencia en su abrazo,
dejaría de ser este lazo
que atormenta mi ser y me deslumbra.
Mas no soy libre de tal elección,
pues mi poder sostiene el mundo aún,
yo, un titán condenado a la ilusión.
Eterno en mi senda de pesar,
mi anhelo, un susurro en el vacío,
un dios que no puede dejar de brillar.