Un amor que nunca se apagaba pero se está empezando a extinguir
Cambiar fondo del poema
Amor eterno, llama constante,
fuego abrazando el instante.
Tus ojos, estrellas titilantes,
mi refugio en mares distantes.
Sueños tejidos en tiempo efímero,
la pasión era nuestro ancla sin brillo.
Mas hoy la brisa trae susurros,
de un adiós vagabundo y esquivo.
El crepúsculo tiñe de gris el cielo,
bajando el telón con implacable sigilo.
Nuestros besos, ecos de un reloj,
resonando en la memoria del sol.
Esa chispa que fue constelación,
ahora, cenizas en lamentación.
Aunque se extinga este devoto ardor,
llevaré tu sombra, vestigio de amor.