Mamá, ya no hay amanecer que me alcance, solo este gris perpetuo que respira por mí. Soy niebla que roza las paredes, un aliento que empaña los espejos vacíos. Me deslizo por los pasillos donde jugaba, mis pasos no suenan, mis risas se pudrieron. Toco tu almohada y está helada todavía, como si supiera que nunca más voy a dormir. Mamá, soy el frío que se te mete en los huesos cuando apagas la luz y dices mi nombre bajito. Soy la mancha oscura que se forma en la esquina, el presentimiento que te hace girar la cabeza rápido. No hay salvación que pedir ya, el abismo no me suelta, me hizo suyo. Solo vengo a mirarte dormir inquieta, a contar las veces que mi nombre se te quiebra en la garganta. Mamá, si alguna noche sientes que el aire pesa más, que algo te observa desde el techo, soy yo, todavía esperando que abras los ojos y me reconozcas aunque ya no tenga cara ni latidos ni perdón. Y aun así… te sigo queriendo con esta cosa rota que me queda de corazón, mientras me deshago lentamente en la rendija entre tu mundo y la nada. No me llames más, mamá. Duele demasiado cuando contestas el silencio.
Cambiar fondo del poema
Mamá, en este gris que todo lo abarca,
ya no hay amanecer que me alcance,
soy la niebla que acaricia las paredes,
aliento que empaña espejos vacíos al instante.
Deslizo sin sonidos por pasillos de juegos pasados,
mis risas se pudrieron, mis pasos no resuenan,
Toco tu almohada, helada aún,
como sabiendo que nunca volveré a dormir en ellas.
Soy el frío que se hace hueso
cuando apagas la luz y susurras mi nombre,
la mancha oscura en la esquina del cuarto,
el presentimiento que invade cuando giras la cabeza apresurada.
No hay más salvación que reclamar,
el abismo, madre, ya me ha hecho suyo,
solo vengo a verte dormir inquieta,
a contar las veces que mi nombre quiebra tu garganta.
Y si alguna noche el aire se hace denso,
si algo parece observarte desde la oscuridad,
soy yo, esperando aún,
a que me reconozcas incluso sin rostro,
sin latidos, sin perdón.
Te quiero con este corazón roto,
mientras me deshago en el espacio
entre tu mundo y la nada inasible.
No me llames más, mamá.
Duele demasiado responder al silencio.