Se escucha el solitario y desconsolado sonido de una flauta,En la eterna noche de la profundidad de las nubes.Todo lo correcto e incorrecto, ya ha sucedido, entonces ¿Cómo puedo tomarse como un sueño al despertar?¿Cómo pueden medirse los elogios, las culpas, las ganancias y las pérdidas del mundo mortal?La sangre caliente se oxida en esa fría cuchilla.En lo alto de las montañas y a lo largo de los ríos, también se oía el tocar de una melodía, nuestra historia no ha terminado, la conexión y el tiempo juntos, permanecen puros.Preparé un tarro de felicidad y tristeza, de vida y muerte para llorar la muerte de un joven hombre.La brillante luna sigue siendo la misma, así que no es necesaria la tristeza, ¿Entonces porqué no enfrentar todas las cosas con un corazón desesperado? Viajando por miles de ríos, cruzando miles de montañas. Me perdí en un callejón sin salida, Cuando estemos juntos, por fin todo estará en el pasado.Al despertar pretendamos que todo fue un sueño.En este mundo, el Mal y el bien ya fue hecho, ¿Cómo lo recordaría? La espesa sangre está tibia pero la cuchilla sigue fría.Desde la lejanía de las montañas, hasta la profundidad del océano la melodía sigue sonando, los sentimientos que aún no desaparecen hacen eco sonriendo al mundo.
Cambiar fondo del poema
En el silencio se escucha al viento,
una flauta llora en soledad,
en la noche profunda de nubes,
donde el bien y el mal han de habitar.
Todo ha pasado, lo correcto, lo errado,
al despertar, un sueño parece ser,
elogios y culpas en balanza oscura,
¿cómo afrontarlos sin temer?
La sangre roja se oxida en la cuchilla,
testigo frío del calor de vivir,
mas en montañas y ríos resuena,
una historia que aún espera su fin.
Preparé un tarro de risas y llantos,
vida y muerte en su danza sin par,
la luna brilla, igual, intocable,
enfrentemos con valor su mirar.
Viajé por ríos, montañas cruzadas,
perdido en un callejón sin salida,
juntos, un día, lo dejaremos atrás,
que todo esto fue sueño, sin medida.
En este mundo el bien y el mal se han tejido,
la memoria los tiene abrazados,
la sangre sigue cálida, la cuchilla fría,
mientras un eco sonríe del pasado.