No envidies mi inmortalidad, ni te llames así mismo héroe, el destino estaba en mi contra, pero mis sentimientos eran profundos, tal es mi suerte.
Cambiar fondo del poema
No envidies mi inmortalidad,
en la sombra del tiempo me hallo,
ni te llames a ti mismo héroe,
pues es el destino quien traza el fallo.
El destino estaba en mi contra,
como un río que rompe su cauce,
mas mis sentimientos eran profundos,
un océano que nunca desfallece.
Tal es mi suerte, errante y eterna,
que aun en la noche, mi alma guarda luz;
no son los siglos el precio que pago,
sino el latido en el eterno capuz.