Lo que en un confín se aflige, en el otro encuentra su eco, sin que el tiempo o la distancia rompan el lazo; pues nada hay que more solo, que hasta en el átomo más hondo palpita el latido de un hermano lejano.
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En el confín susurra el viento,
un lamento de ecos lejanos,
pues el dolor que allá germina
en otra orilla tiene hermanos.
Aunque el tiempo trazca distancias
y el espacio niegue abrazos,
unidos laten los misterios
en el átomo más callado.
Nada yace en soledad,
todo en un eco resuena,
y hasta el lazo más sutil
en la oscuridad se encadena.
Por eso en cada lágrima
que al universo se confía,
vibra el pulso de un hermano
en su danza compartida.