Tú, que caminas sobre la piel del mundo con pies de barro y ojos de asombro, detén tu paso y responde a quien te dio el aliento:¿Por qué tiemblas ante la vastedad del abismo, si no es porque reconoces en su hondura el mismo vacío que mora en tu pecho? ¿Acaso no comprendes que tu sed de lo infinito es la prueba de que no perteneces al polvo, sino a la Fuente que no tiene orilla?Dime, criatura de un instante: ¿cómo puedes sentirte solo, si cada fibra de tu ser está unida por lazos invisibles al corazón de los soles más lejanos? ¿Por qué buscas tu nombre en la tierra que perece, ignorando que eres el poema que Yo mismo escribo en el lienzo de la noche?Si eres una gota de Mi propia esencia, ¿por qué te empeñas en levantar muros allí donde Yo solo puse llanuras de luz? ¿Te atreverás, al fin, a soltar las amarras de tu miedo y navegar el océano de lo que no tiene límites, o seguirás ocultando tu grandeza tras el velo de lo pequeño?
Cambiar fondo del poema
Tú, caminante de mundos con pies de barro y ojos de asombro,
detén tu paso y responde al aliento que te fue dado.
¿Por qué tiemblas ante el abismo,
si en su hondura reconoces el vacío en tu pecho anidado?
¿No ves que tu sed de infinito,
es prueba de que no perteneces al polvo terreno,
sino a la Fuente eterna, donde no hay ribera,
donde el alma reposa en un abrazo sereno?
Criatura de un fugaz instante,
¿cómo puedes sentirte solo,
si cada fibra de tu ser entrelaza
sonidos de soles lejanos en coro?
¿Por qué buscas tu nombre en lo perecedero,
ignorando que eres poema en el nocturno lienzo,
murmurado por labios de estrellas,
en un canto eterno y disperso?
Si eres gota de Mi esencia,
¿por qué levantar muros donde puse luz y llanura?
Atrévete a soltar el miedo, a navegar sin amarras,
en el mar sin fin, más allá de la sombra oscura.
No ocultes tu grandeza tras lo pequeño,
sino revela en tu ser la vastedad inminente,
y deja que el universo contemple en ti
el reflejo de su ser resplandeciente.