Generador Gratuito de Poemas con IA

Esta es la crónica de la Noche Primordial, antes de que el primer sol horadara el vacío con su herida de fuego. En aquel entonces, el infinito era un mar de leche negra donde todo dormía en una paz sin nombre.Sucedió que, del roce de dos corrientes de nada, nacieron dos gemelos de rostro amargo: el Bien y el Mal. No nacieron como guías, sino como carceleros de lo infinito.El Bien, vestido con túnicas de un blanco tan gélido que quemaba la vista, traía consigo una cadena de oro fino. —«Yo pondré orden en este caos», clamó con soberbia. «Dividiré lo que es de lo que no es, pondré muros a la luz y leyes al deseo. Llamaré santo a lo que se quede quieto y maldito a lo que ose desbordar mis límites».El Mal, envuelto en harapos de sombra devoradora, traía consigo un puñal de hierro viejo. —«Yo sembraré el espanto y el hambre», rugió con ponzoña. «Destruiré lo que tú edifiques, pondré veneno en la raíz y haré que el hombre tema la oscuridad de la que proviene, para que viva esclavo de su propio llanto».Ambos, como reyes tiranos, comenzaron a despedazar la mente del Ser. El Bien levantaba torres de mármol que pretendían tocar el cielo, y el Mal cavaba fosos de azufre para tragárselas. Los mortales, atrapados en medio, empezaron a adorar las murallas del uno y a huir de las garras del otro, olvidando que antes de esta guerra, ellos eran hijos de lo Ilimitado.Entonces, el infinito despertó de su sueño de eones. Al ver a los gemelos peleando por un trono de ceniza, lanzó un suspiro que hizo temblar los cimientos de la materia.—«¿Quiénes sois vosotros», vibró la voz del Vacío, «que pretendéis parcelar mi eternidad con vuestras pequeñas medidas? Tú, Bien, has hecho de la virtud una prisión de hielo; y tú, Mal, has hecho del dolor una cadena de sombras. Sois los ladrones de la paz, los villanos que han inventado el "tuyo" y el "mío" donde solo existía el "Todo"».Con un gesto de silencio, el infinito sopló sobre ellos. Las túnicas blancas del Bien y los harapos negros del Mal se deshicieron como bruma al sol, revelando que ambos eran, en verdad, la misma ilusión: dos máscaras que el miedo se pone para no mirar la libertad del abismo.Los gemelos se desvanecieron y el hombre, al fin desnudo de dogmas y de terrores, comprendió que su esencia no estaba en elegir un bando en la guerra de los tiranos, sino en dejarse consumir por la Vastedad que no conoce ni premio ni castigo.«El Bien y el Mal son los cerrojos de una puerta que no existe; solo quien renuncia a la llave descubre que el Reino siempre estuvo abierto».

En la Noche Primordial de eterno descanso,  
donde el sol aún no hería el vacío con canto,  
el infinito era un mar de leche negra y encanto,  
y todo dormía en un sueño sin llanto.

Del roce de sombras, dos gemelos nacieron,  
Bien y Mal, sin guía ni luz fueron.  
El Bien decía: "Ordenaré este caos sereno,  
erigiré muros, cadenas de oro suelo".

El Mal, con harapos y puñal en la mano,  
decía: "Destruiré lo que edifiques en vano,  
sembraré espanto, temor y desahucio,  
y el hombre temerá en mí confiar su espacio".

Pero el infinito despertó, respiró hondo,  
preguntando a los gemelos con gesto profundo,  
¿Quiénes sois para temer mi abrigo,  
si sois solo palabras en el viento eterno amigo?

Con un soplo, desvaneció sus vestiduras,  
eran dos en el mismo, hijas de temidas escrituras.  
Y el hombre vio, al fin, sin temores ni riendas,  
que el Reino siempre abierto espera que entiendas.

El Bien y el Mal, cerrojos de una ilusión,  
solo el que renuncia a la llave ve que no hay prisión.  
La Vastedad es el hogar, sin premios ni castigo,  
un canto eterno, del abismo el amigo.

Cambiar fondo del poema

En la Noche Primordial de eterno descanso, donde el sol aún no hería el vacío con canto, el infinito era un mar de leche negra y encanto, y todo dormía en un sueño sin llanto. Del roce de sombras, dos gemelos nacieron, Bien y Mal, sin guía ni luz fueron. El Bien decía: "Ordenaré este caos sereno, erigiré muros, cadenas de oro suelo". El Mal, con harapos y puñal en la mano, decía: "Destruiré lo que edifiques en vano, sembraré espanto, temor y desahucio, y el hombre temerá en mí confiar su espacio". Pero el infinito despertó, respiró hondo, preguntando a los gemelos con gesto profundo, ¿Quiénes sois para temer mi abrigo, si sois solo palabras en el viento eterno amigo? Con un soplo, desvaneció sus vestiduras, eran dos en el mismo, hijas de temidas escrituras. Y el hombre vio, al fin, sin temores ni riendas, que el Reino siempre abierto espera que entiendas. El Bien y el Mal, cerrojos de una ilusión, solo el que renuncia a la llave ve que no hay prisión. La Vastedad es el hogar, sin premios ni castigo, un canto eterno, del abismo el amigo.