Jesús de NasaretCinco estrofas con rima 1y 3 y 2 y 4 y 3 y 4
Cambiar fondo del poema
En tierra humilde nació el Cordero,
del universo, el gran escultor,
bajo un cielo vasto y sincero,
vino a dar luz, vida y fervor.
Con amor, rompió el velo atroz,
sanó con manos de Redentor.
De Nazaret, senda de destino,
camino eterno hasta el calvario,
un corazón divino en su trino
ofreció paz, dejó su legado.
Con la fe como índice gigante,
el eco de amor fue su himnario.
Junto al mar, pescadores llamó,
sembró palabras de esperanza,
un reino de justicia forjó,
invitó a la humanidad a la danza.
Entre redes tejió su misión,
ilusionante, en fe y bonanza.
Las montañas oyeron su voz,
multiplicó el pan y los sueños,
cual carpintero de herencia, cruzó
el madero redentor, mensajero.
De un corazón ardiente de luz,
llamó a amarnos sin más desvelo.
En la cruz, en sacrificio eterno,
la redención, su ofrenda mayor.
El sepulcro vacío es gobierno,
resucita lleno de esplendor.
En el alba, victoria anunciada,
Jesús de Nazaret, Salvador.