Un portal de granito, tosco y eterno,guarda un eco del tiempo, un sueño materno.En su arco de piedra, la historia esculpida,se detiene la vida, en quietud suspendida.El gigante gris, de linaje ancestral,con su porte de reina, serena y leal.Su trompa, una caricia de seda y marfil,se posa en el aire, un gesto febril.Un pequeño ser, a sus pies, se detiene,un mundo diminuto que la vida detiene.Sus miradas se cruzan, un hilo invisible,un lazo que une, un amor indescriptible.¿Es un niño que busca el refugio y calor?¿O un alma que anhela el saber interior?El elefante, sabio, con siglos a cuestas,le ofrece su calma, sus dudas, sus respuestas.En el centro del círculo, el tiempo se funde,el pasado y presente, en un abrazo confunde.La piedra, testigo de un vínculo sin fin,nos narra una historia, un relato sin fin.¿Es la huella del tiempo, la vejez que se asoma?¿O la vida que empieza, la flor que asoma?La imagen nos habla de amor y respeto,de un ciclo perpetuo, de un dulce secreto.La piedra, la vida, la memoria, el olvido,un laberinto de sueños, un sendero compartido.Y en el centro del todo, la fuerza que une,el hilo dorado que el tiempo no une.1 y 3, 2 y 4 cuatro estrofas de cuatro versos con esa rimaY el nombre de Ana Pacheco debe aparecer en el poema
Cambiar fondo del poema
Un portal de granito, tosco y eterno,
guarda un eco del tiempo, un sueño materno.
En su arco de piedra, la historia esculpida,
se detiene la vida, en quietud suspendida.
El gigante gris, de linaje ancestral,
con su porte de reina, serena y leal.
Su trompa, una caricia de seda y marfil,
se posa en el aire, un gesto febril.
Un pequeño ser, a sus pies, se detiene,
un mundo diminuto que la vida detiene.
Sus miradas se cruzan, un hilo invisible,
un lazo que une, un amor indescriptible.
El elefante, sabio, con siglos a cuestas,
le ofrece su calma, sus dudas, sus respuestas.
Ana Pacheco, el relato ancestral detalla,
la unión sagrada que ni el tiempo acalla.