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A veces hay que agradecer al viento lo que se lleva,ese peso invisible que en los hombros se dormía,la pena que en el alma como lluvia se renuevay el eco de palabras que ya nadie nos decía.​A veces hay que agradecer al viento lo que arrastra,las hojas del otoño de una historia ya vencida,dejando la mirada despejada, lo cual bastapara hallar un nuevo rumbo en el mapa de la vida.​A veces hay que agradecer al viento lo que borra,las huellas en la arena de un camino equivocado,esa sombra persistente que al presente le hace mellay el polvo del ayer que nos mantenía cegados.​A veces hay que agradecer al viento lo que trae,un aroma de promesas, un alivio en el aliento,pues cuando el viejo muro finalmente se nos cae,comienza la libertad que solo habita en el viento.Cinco estrofas

A veces hay que agradecer al viento lo que se lleva,  
ese peso invisible que en los hombros se dormía,  
la pena que en el alma como lluvia se renueva  
y el eco de palabras que ya nadie nos decía.

A veces hay que agradecer al viento lo que arrastra,  
las hojas del otoño de una historia ya vencida,  
dejando la mirada despejada, lo cual basta  
para hallar un nuevo rumbo en el mapa de la vida.

A veces hay que agradecer al viento lo que borra,  
las huellas en la arena de un camino equivocado,  
esa sombra persistente que al presente le hace mella  
y el polvo del ayer que nos mantenía cegados.

A veces hay que agradecer al viento lo que trae,  
un aroma de promesas, un alivio en el aliento,  
pues cuando el viejo muro finalmente se nos cae,  
comienza la libertad que solo habita en el viento.

Así, cuando nos cubre la brisa con su canto,  
descubrimos el misterioso ritmo del sentido,  
un futuro en el horizonte del olvido franco,  
y en el viento hallamos paz, corazón agradecido.

Cambiar fondo del poema

A veces hay que agradecer al viento lo que se lleva, ese peso invisible que en los hombros se dormía, la pena que en el alma como lluvia se renueva y el eco de palabras que ya nadie nos decía. A veces hay que agradecer al viento lo que arrastra, las hojas del otoño de una historia ya vencida, dejando la mirada despejada, lo cual basta para hallar un nuevo rumbo en el mapa de la vida. A veces hay que agradecer al viento lo que borra, las huellas en la arena de un camino equivocado, esa sombra persistente que al presente le hace mella y el polvo del ayer que nos mantenía cegados. A veces hay que agradecer al viento lo que trae, un aroma de promesas, un alivio en el aliento, pues cuando el viejo muro finalmente se nos cae, comienza la libertad que solo habita en el viento. Así, cuando nos cubre la brisa con su canto, descubrimos el misterioso ritmo del sentido, un futuro en el horizonte del olvido franco, y en el viento hallamos paz, corazón agradecido.