Escribo en la penumbra donde el alma tirita,con tinta de silencio y un dolor ancestral;la noche me recoge sobre su piedra marchita,y en versos se desangra mi herida espiritual.Desde niño la vida fue un cuervo sobre el pecho,sus alas de infortunio no dejaron de batir;cada golpe en mi carne levantó un viejo techodonde aprendí en la sombra la manera de vivir.La poesía es mi cripta, mi lámpara y abrigo,el féretro de angustias que no pude nombrar;allí entierro la tormenta que camina conmigoy la vuelvo un murmullo imposible de callar.Aunque el destino insista con su látigo de hielo,y la noche me vista de ceniza y soledad,seguiré haciendo rosas oscuras en el duelo,porque en cada poema resucita mi verdad.Cinco estrofas
Cambiar fondo del poema
Escribo en la penumbra donde el alma tirita,
con tinta de silencio y un dolor ancestral;
la noche me recoge sobre su piedra marchita,
y en versos se desangra mi herida espiritual.
Desde niño la vida fue un cuervo sobre el pecho,
sus alas de infortunio no dejaron de batir;
cada golpe en mi carne levantó un viejo techo
donde aprendí en la sombra la manera de vivir.
La poesía es mi cripta, mi lámpara y abrigo,
el féretro de angustias que no pude nombrar;
allí entierro la tormenta que camina conmigo
y la vuelvo un murmullo imposible de callar.
Aunque el destino insista con su látigo de hielo,
y la noche me vista de ceniza y soledad,
seguiré haciendo rosas oscuras en el duelo,
porque en cada poema resucita mi verdad.
Así, en la penumbra, mi pluma es un lamento,
una danza de sombras que no cesa en su andar;
y aunque el mundo se cierre y el silencio sea denso,
en cada verso hallo luz, en cada palabra, un altar.