En la penumbra arde la noche herida,la cera llora su lento final,y entre papeles, como alma perdida,tiembla un suspiro que no vuelve jamás.Sus manos rezan sobre tinta fría,cada palabra es un eco mortal,cartas al viento, vana letanía,que alzan su duelo en la sombra abismal.La lluvia escribe secretos antiguossobre el cristal de un mundo sin voz,y en cada trazo, los sueños ambiguosmueren despacio, clavados en Dios.Cruje la casa como un viejo espectro,guarda en sus muros lamentos sin fe,mientras la llama, guardiana del tiempo,besa la vida que pronto se fue.Y él, prisionero de un hilo de ausencia,lanza sus cartas al viento final,sabe que el aire devora la esencia…y aun así escribe, para no olvidarSeis estrofas
Cambiar fondo del poema
En la penumbra arde la noche herida,
la cera llora su lento final,
y entre papeles, como alma perdida,
tiembla un suspiro que no vuelve jamás.
Sus manos rezan sobre tinta fría,
cada palabra es un eco mortal,
cartas al viento, vana letanía,
que alzan su duelo en la sombra abismal.
La lluvia escribe secretos antiguos
sobre el cristal de un mundo sin voz,
y en cada trazo, los sueños ambiguos
mueren despacio, clavados en Dios.
Cruje la casa como un viejo espectro,
guarda en sus muros lamentos sin fe,
mientras la llama, guardiana del tiempo,
besa la vida que pronto se fue.
Y él, prisionero de un hilo de ausencia,
lanza sus cartas al viento final,
sabe que el aire devora la esencia…
y aun así escribe, para no olvidar.