En la penumbra tibia de la nochetu respiración navega sobre mi pecho,mientras el silencio nos cubre despaciocomo una sábana hecha de deseosy de promesas que nadie pronunció.Tus manos dormidas rozan mi cintura,y el mundo parece quedarse distante;solo existe el perfume de tu piel,la calma ardiente de tu cercaníay el fuego lento que nace en el abrazo.Me pierdo en la curva de tu espalda,en la suave tormenta de tu cabello,en el temblor secreto de tus labiosque aun dormidos buscan los míoscomo si el amor tuviera memoria.La madrugada acaricia tu cuerpocon la misma ternura con que te miro;y en cada suspiro que se escapase enciende un pequeño universodonde el deseo también sabe amar.Qué hermoso quedarme entre tus brazos,escuchando el lenguaje de tu silencio;porque hay pasiones que no hacen ruido,pero incendian lentamente el almahasta convertir la noche en eternidad.Cinco estrofas
Cambiar fondo del poema
En la penumbra tibia de la noche,
tu respiración navega sobre mi pecho,
mientras el silencio nos cubre despacio,
como una sábana hecha de deseos
y de promesas que nadie pronunció.
Tus manos dormidas rozan mi cintura,
y el mundo parece quedarse distante;
solo existe el perfume de tu piel,
la calma ardiente de tu cercanía
y el fuego lento que nace en el abrazo.
Me pierdo en la curva de tu espalda,
en la suave tormenta de tu cabello,
en el temblor secreto de tus labios
que aun dormidos buscan los míos
como si el amor tuviera memoria.
La madrugada acaricia tu cuerpo
con la misma ternura con que te miro;
y en cada suspiro que se escapa
se enciende un pequeño universo
donde el deseo también sabe amar.
Qué hermoso quedarme entre tus brazos,
escuchando el lenguaje de tu silencio;
porque hay pasiones que no hacen ruido,
pero incendian lentamente el alma
hasta convertir la noche en eternidad.