Entre sombras de un cuarto silencioso,la luna derramaba su triste resplandor,y tus labios, de invierno y de pecado,rozaban mi garganta con oscuro fervor,mientras temblaba el tiempo bajo nuestra respiración.Tus manos descendían como cuervos nocturnossobre mi piel de mármol y ansiedad,y el deseo, vestido de misterio gótico,ardía lentamente en la penumbra mortal,como un réquiem prohibido dentro de la eternidad.Entre sábanas blancas dormía el universo,pero nuestros cuerpos negaban el final;tú besabas mis silencios más profundoscon la ternura salvaje de un amor espectral,y mi alma se rendía a tu abrazo sepulcral.Las velas imaginarias lloraban en la noche,dejando sombras danzando sobre la pared,mientras tus suspiros, húmedos y lentos,despertaban antiguos fantasmas de placer,que solo conocen los amantes al amanecer.Y cuando la madrugada cerró sus ojos grises,quedamos abrazados en dulce oscuridad,como dos almas perdidas entre ruinas eternas,condenadas para siempre a la misma soledad,pero salvadas por un beso cargado de eternidad.Cinco estrofas
Cambiar fondo del poema
Entre sombras de un cuarto silencioso,
la luna derramaba su triste resplandor,
y tus labios, de invierno y de pecado,
rozaban mi garganta con oscuro fervor,
mientras temblaba el tiempo bajo nuestra respiración.
Tus manos descendían como cuervos nocturnos
sobre mi piel de mármol y ansiedad,
y el deseo, vestido de misterio gótico,
ardía lentamente en la penumbra mortal,
como un réquiem prohibido dentro de la eternidad.
Entre sábanas blancas dormía el universo,
pero nuestros cuerpos negaban el final;
tú besabas mis silencios más profundos
con la ternura salvaje de un amor espectral,
y mi alma se rendía a tu abrazo sepulcral.
Las velas imaginarias lloraban en la noche,
dejando sombras danzando sobre la pared,
mientras tus suspiros, húmedos y lentos,
despertaban antiguos fantasmas de placer,
que solo conocen los amantes al amanecer.
Y cuando la madrugada cerró sus ojos grises,
quedamos abrazados en dulce oscuridad,
como dos almas perdidas entre ruinas eternas,
condenadas para siempre a la misma soledad,
pero salvadas por un beso cargado de eternidad.