Bajo la lámpara tenue de la nochetu mirada rozó mi piel callada,y el silencio, vestido de suspiros,encendió lentamente la distanciaque dormía entre nuestros corazones.Tus manos, con la calma de la lluvia,buscaron en las mías un refugio,mientras la luna abría sus ventanasy el aire se llenaba de latidosque hablaban un idioma sin palabras.Tu voz tenía aroma de recuerdos,de besos escondidos en el tiempo,y en cada roce suave de tu alientola pasión florecía silenciosacomo un jardín secreto entre la sombra.La noche se quedó mirando quietael fuego delicado de abrazarnos,dos almas navegando en el mismo ríocon la ternura ardiendo entre los labiosy el deseo temblando entre caricias.Cuando el alba llamó desde la brisa,aún tus ojos dormían en los míos;y entendí que el amor también se escribecon esa sutil llama de la pielque nunca grita, pero deja huella.Cinco estrofas
Cambiar fondo del poema
Bajo la lámpara tenue de la noche,
tu mirada rozó mi piel callada,
y el silencio, vestido de suspiros,
encendió lentamente la distancia
que dormía entre nuestros corazones.
Tus manos, con la calma de la lluvia,
buscaron en las mías un refugio,
mientras la luna abría sus ventanas
y el aire se llenaba de latidos
que hablaban un idioma sin palabras.
Tu voz tenía aroma de recuerdos,
de besos escondidos en el tiempo,
y en cada roce suave de tu aliento
la pasión florecía silenciosa
como un jardín secreto entre la sombra.
La noche se quedó mirando quieta
el fuego delicado de abrazarnos,
dos almas navegando en el mismo río
con la ternura ardiendo entre los labios
y el deseo temblando entre caricias.
Cuando el alba llamó desde la brisa,
aún tus ojos dormían en los míos;
y entendí que el amor también se escribe
con esa sutil llama de la piel
que nunca grita, pero deja huella.