Madre, jardín de auroras encendidas,refugio eterno de mi corazón,tus palabras sanan las heridasy convierten la tristeza en canción,como un cielo bordado de bendición.Tus manos son caricias del destino,senderos dulces de calma y virtud,eres el faro que alumbra mi caminocon destellos de tinta y luz,llenando mi alma de gratitud.Cuando la vida golpea silenciosa,tu abrazo siempre vuelve a florecer,como la lluvia suave y milagrosaque enseña al alma a renacer,y a no rendirse ante el anochecer.Madre, guardiana de mis alegrías,compañera fiel en cada inquietud,dibujas esperanza en mis díascon versos de tinta y luz,y un infinito océano de virtud.Hoy elevo este poema al viento,como homenaje a tu inmenso amor,porque eres mi más bello sentimiento,la melodía más pura y de mayor valor,madre querida, eterno resplandor.Cinco estrofas
Cambiar fondo del poema
Madre, en tu jardín de auroras encendidas,
refugio eterno de mi corazón,
tus palabras sanan las heridas
y convierten la tristeza en canción,
como un cielo bordado de bendición.
Tus manos son caricias del destino,
senderos dulces de calma y virtud,
eres el faro que alumbra mi camino
con destellos de tinta y luz,
llenando mi alma de gratitud.
Cuando la vida golpea silenciosa,
tu abrazo siempre vuelve a florecer,
como la lluvia suave y milagrosa
que enseña al alma a renacer,
y a no rendirse ante el anochecer.
Madre, guardiana de mis alegrías,
compañera fiel en cada inquietud,
dibujas esperanza en mis días
con versos de tinta y luz,
y un infinito océano de virtud.
Hoy elevo este poema al viento,
como homenaje a tu inmenso amor,
porque eres mi más bello sentimiento,
la melodía más pura y de mayor valor,
madre querida, eterno resplandor.