Bajo el cielo se alza el Redentor,con sus brazos abiertos hacia el mar,derramando en el mundo su amor,como faro que invita a caminar.Desde lo alto contempla la ciudad,donde el viento le canta sin cesar,y regala consuelo y bondad,a las almas que buscan despertar.Cristo eterno de inmensa claridad,que ilumina la noche al suspirar,eres llama de fe y humildad,dulce puerto donde puedo llegar.En la roca florece tu esplendor,como un himno que aprende a perdonar,y en el pecho renace el valor,cuando el miedo nos quiere derrotar.Oh, gigante de eterna bendición,centinela de paz junto al altar,que tu luz fortalezca el corazón,y nos guíe por sendas de amar.Cinco estrofas
Cambiar fondo del poema
Bajo el cielo se alza el Redentor,
con sus brazos abiertos hacia el mar,
derramando en el mundo su amor,
como faro que invita a caminar.
Desde lo alto contempla la ciudad,
donde el viento le canta sin cesar,
y regala consuelo y bondad,
a las almas que buscan despertar.
Cristo eterno de inmensa claridad,
que ilumina la noche al suspirar,
eres llama de fe y humildad,
dulce puerto donde puedo llegar.
En la roca florece tu esplendor,
como un himno que aprende a perdonar,
y en el pecho renace el valor,
cuando el miedo nos quiere derrotar.
Oh, gigante de eterna bendición,
centinela de paz junto al altar,
que tu luz fortalezca el corazón,
y nos guíe por sendas de amar.