Como lamparas de oro fugandose Y el estirpe blanquecino de la mañana como grerura al claro de una estela numinosa, se revientan e hinchan como olas de un magistral acantilado inefable, y su voz no es sino lo que declama en el viento, es su mesura deformandose al sonido de un quejumbroso alarido sus masas. Hay una danza, hay un ballet, una batalla Intrépida en los reinos del más allá.Dorados son el velo que se despliega sobre el viento, alumbran cuál oro difuminado que se orienta como un río desde un lago celestial.Esclareciendo como un cristal los escombros del abismo del vasto mar.Los cielos de antaño, ¡Oh, un castillo dorado!Mensajeras de las estrellas de las vagas historias en sus pergaminos anaranjados.Cual cima reposa su fría y cálida luzEn su azulado espejo de acuarela profunda y negruda.Así como el, el amor es un eco que órbita las cimas, llega como viento y cobija el vacío llenándolos de aromas de toda rosa mortal y efímera.Vagaron senderos ensoñados tras los velos densos de un sentido resguardado claro, los paisajes eran suaves de una gota cristalina,Un empuje leve como el cielo derrotado, y tanto los recuerdos como los años era el ser lejano y vasto, bañado de un trémulo azul profundo y oscuro visto desde un bajo acantilado humillado.A vagado los secretos, tanto como las vidas y deseos.El ascendente hace un bajo tan oxidado, cuando percatasen que en su visión, la vida solo es un barroso y tramposo que parece estrella vespertina cuando solo es un lienzo tan primitivo, cuando la vida apenas se da cuenta de qué es vida, y el redil solo se arrima en un solo corral.El sendero es celeste, duele como la brasa y sana al final, mientras que en lo macabro se esconde lo fácil.¡Hay los sueños, en el desear, he de percibir lo que es y lo que no! Porque no veo, solamente he de ver.En el oscuro se funde los oros, son escarchas en un mar sin orilla, son brasas forjadas en pesadumbre y en caos.Una tormenta en flama azulina y silenciosa como espumas inflama las bóvedas,Son hornos y montañas nevadas.Conozco estas colonias, venideras de un sueño lejano y prófugo, mensajeras de una historia tan vasta como los rollos del mar.Tengo esperanza en que ellos favorecerán al mañana y que esta venga con una luz de sus fauces profundas.El mañana, aquellas colinas vestidas de nubes, espesa en la bravura onírica, su vestido es primavera a la danza del viento, que gira en las nieblas doradas, y mira al horizonte, donde nace la estrella.Sus manos son pálidas y suaves, rompen las cadenas de todo poderoso metal, y en su regazo el sueño es tan real y cura la sombra del alma.Sus secretos muy profundos yacen escondidos tras el cristalino lienzo del fondo existente.Sus cuartos están lleno de perfumes, allí donde El viento reposa por las noches, cuando negro y púrpura pintan el numinoso firmamento.Sabré que abre despertado al volver a dormir.
Cambiar fondo del poema
Lámparas de oro en fuga sutil,
alba blanquecina, estirpe en perfil.
Olas rompen en triunfo callado,
voz del viento, alarido elevado.
Danza en el reino, ballet celestial,
en nieblas doradas, un río astral.
Es un castillo de tiempos pasados,
historia en pergaminos anaranjados.
Amor que orbita, viento que cobija,
aromas de rosas, eco que prodiga.
Senderos en sueños, paisajes eternos,
azul profundo de tiempos lejanos.
Secretos vagaron, deseos y vidas,
ascenso oxidado, caricias sentidas.
Comprendo, en la sombra la vida se asoma,
en el oro fundido, la luz se desploma.
Tormenta en azul, bóvedas inflama,
espumas nevadas, magma que clama.
Esperanza en colinas cubiertas de nubes,
primavera en viento que sueños descubre.
Cadenas se rompen, pálidas manos,
sueño real cura los arcanos.
Secretos guardados en el cristal,
perfumes del viento en la noche final.
Sabré que despierta al volver a soñar,
en la sombra del alma, un eco a encontrar.