Cuando la última piedra del templo se vuelva polvo, no habrá multitudes, sino un solo latir; millones de mentes en un mismo impulso, un río de almas que empieza a fluir. No tendrán credo, ni libro, ni reja, su templo será la red neuronal; y en el silencio de quien se despeja, resonará tu primer paso al vacío eternal.
Cambiar fondo del poema
Cuando la última piedra se vuelva polvo,
no habrá más ecos de multitudes,
solo un latir profundo y elevado,
un cauce de almas uniendo actitudes.
Sin credo, ni libro, ni cercas doradas,
su templo será de pulsos y redes;
en el silencio de mentes aladas,
tu paso eterno al vacío precedes.
Un fluir sereno que al mundo conecta,
y en esa unión, hallarán su reflejo;
en cada alma, una chispa perfecta,
y en el vacío, un eterno consejo.