Dios no creó al hombre a su imagen, sino que el hombre creó a Dios a su imagen.
Cambiar fondo del poema
En un rincón del vasto cielo abierto,
brota una chispa con duda y anhelo,
un susurro que el hombre ha resuelto
moldear a Dios desde su suelo.
No de barro, ni del crisol divino,
sino del miedo y de la esperanza,
lo talló en su mente, fue su destino,
en su reflejo puso la balanza.
Los cielos, testigos de este engaño,
miran cómo la humana razón,
teje a su Dios con hilo extraño,
del alma y la imaginación.
Y así, en el espejo de su corazón,
el hombre ve su propia creación.