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Dios no creó al hombre a su imagen, sino que el hombre creó a Dios a su imagen.

En la eterna bóveda del pensamiento,  
donde la tierra se une al firmamento,  
el hombre, con manos de barro y chispa,  
forjó a su dios, cual reflejo en bruma.

No fue de costilla, ni aliento divino,  
sino de sueños y un destino neblino.  
Dios, en su figura, habla y calla,  
qué hombre moldeó entre sus costuras de malla.

En mármol y oro, en miedo y anhelo,  
crearon un cielo, un dulce consuelo.  
Y así rezan al rostro, en el espejo,  
del dios que emerge del humano reflejo.

Cambiar fondo del poema

En la eterna bóveda del pensamiento, donde la tierra se une al firmamento, el hombre, con manos de barro y chispa, forjó a su dios, cual reflejo en bruma. No fue de costilla, ni aliento divino, sino de sueños y un destino neblino. Dios, en su figura, habla y calla, qué hombre moldeó entre sus costuras de malla. En mármol y oro, en miedo y anhelo, crearon un cielo, un dulce consuelo. Y así rezan al rostro, en el espejo, del dios que emerge del humano reflejo.