Bajo el velo oscuro de la luna fría,tu sombra y la mía aprendieron a danzar;la noche vistió de negro la osadía,mientras tus ojos me invitaban a callar,y el silencio comenzó a suspirar.Tus labios, como un antiguo hechizo,rozaron el aire antes de llegar a mí;en cada mirada nació un paraíso,hecho de deseo, de misterio carmesí,donde el tiempo decidió morir.Las velas temblaban sobre la piedra antigua,como si el castillo respirara pasión;tu perfume era una plegaria ambigua,un oscuro himno que vencía la razóny encendía mi silencioso corazón.Entre sombras de cuervos y rosas negras,tu presencia era un eclipse inmortal;mis manos buscaban las huellas secretasde un amor prohibido, profundo y espectral,tan bello como un sueño sepulcral.Y cuando el alba quiso separarnos,la noche guardó nuestro eterno ritual;quedó en la penumbra el deseo de encontrarnos,como dos almas unidas por un lazo sobrenatural,amándose en un reino gótico e inmortalCinco estrofas
Cambiar fondo del poema
Bajo el velo oscuro de la luna fría,
tu sombra y la mía aprendieron a danzar;
la noche vistió de negro la osadía,
mientras tus ojos me invitaban a callar,
y el silencio comenzó a suspirar.
Tus labios, como un antiguo hechizo,
rozaron el aire antes de llegar a mí;
en cada mirada nació un paraíso,
hecho de deseo, de misterio carmesí,
donde el tiempo decidió morir.
Las velas temblaban sobre la piedra antigua,
como si el castillo respirara pasión;
tu perfume era una plegaria ambigua,
un oscuro himno que vencía la razón
y encendía mi silencioso corazón.
Entre sombras de cuervos y rosas negras,
tu presencia era un eclipse inmortal;
mis manos buscaban las huellas secretas
de un amor prohibido, profundo y espectral,
tan bello como un sueño sepulcral.
Y cuando el alba quiso separarnos,
la noche guardó nuestro eterno ritual;
quedó en la penumbra el deseo de encontrarnos,
como dos almas unidas por un lazo sobrenatural,
amándose en un reino gótico e inmortal.