En la penumbra danzaba tu mirada, como un eclipse de seda y tentación; tu aliento despertó sobre mi piel callada un incendio tejido de imaginación, donde el silencio aprendió otra canción.Tus labios, con perfume de madrugada, rozaban el borde de mi ansiedad; cada suspiro era una puerta encantada que conducía al reino de la intimidad, donde el tiempo olvidó su voluntad.Tus manos recorrían, lentas y serenas, el mapa secreto de mi emoción; la luna bordaba plateadas cadenas sobre el latido de mi corazón, embriagado de tu fascinación.Nos envolvía la noche silenciosa, vestida de sombras y de azahar; cada mirada era una promesa hermosa, cada roce, un eterno suspirar, como dos almas nacidas para amar.Y cuando el alba besó la ventana, el deseo aún respiraba entre los dos; quedó en el aire la llama soberana de un amor ardiente, profundo y veloz, escrito para siempre bajo la voz de Dios.Debe ser un poema erotico Cinco estrofas
Cambiar fondo del poema
En la penumbra danzaba tu mirada,
como un eclipse de seda y tentación;
tu aliento despertó sobre mi piel callada
un incendio tejido de imaginación,
donde el silencio aprendió otra canción.
Tus labios, con perfume de madrugada,
rozaban el borde de mi ansiedad;
cada suspiro era una puerta encantada
que conducía al reino de la intimidad,
donde el tiempo olvidó su voluntad.
Tus manos recorrían, lentas y serenas,
el mapa secreto de mi emoción;
la luna bordaba plateadas cadenas
sobre el latido de mi corazón,
embriagado de tu fascinación.
Nos envolvía la noche silenciosa,
vestida de sombras y de azahar;
cada mirada era una promesa hermosa,
cada roce, un eterno suspirar,
como dos almas nacidas para amar.
Y cuando el alba besó la ventana,
el deseo aún respiraba entre los dos;
quedó en el aire la llama soberana
de un amor ardiente, profundo y veloz,
escrito para siempre bajo la voz de Dios.