Me parte el fondo del alma, un pozo más profundo que el ancho cielo. No un dolor, no una herida. Es un lazo que unió los cimientos de cielo y tierra, una mano en el tiempo dado, lo vi, te deja como torrente en paz, y las hojas lloran su rocío, y el mañana da dorados oros de una nueva luz. Antaño vagué por las tierras y no encontré un corazón dispuesto al amor, y nunca creí que lo hallaría aún más cerca de lo que imaginé, no hablo como enamorado, ni como verdugo, sino como agradecido, por que el tiempo solo fue y solamente fue, que encontrarnos fue como un viento inesperado.
Cambiar fondo del poema
En el fondo del alma, un pozo tan hondo,
más profundo que el cielo, un vasto contorno.
No es dolor ni herida, no es grito amargo,
es un lazo eterno, uniendo vida y algo.
Las raíces del cielo y tierra se besan,
en el tiempo, una mano, la visión expresa.
Un torrente que en paz todo lo arrasa,
mientras hojas lloran rocío en la brasa.
El mañana dorado promete su luz,
como antes vagaba, sin hallar virtud
en un corazón dispuesto al amor,
más cerca estaba, sin previo rumor.
No hablo como amante, ni como verdugo,
solo agradezco el tiempo, testigo mudo.
Encontrarnos fue viento, azar inesperado,
y en mi alma, este lazo es eterno legado.