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La verdad no necesita permiso, mis palabras no contradicen a Dios, sino al miedo. ¡Te ruego rechaces la antigüedad, la tradición, la fe y la autoridad! ¡Permitámonos comenzar desde cero al dudar de todo lo que asumimos como ya comprobado! El vulgo llama milagros u obras de dios a las obras insólitas de la naturaleza; Y, en parte por devoción, en parte por deseos de oponerse a aquellos que cultivan las ciencias naturales, se gloría de ignorar las causas naturales y sólo quiere oír lo que ignora y, por tanto, lo que más admira.

La verdad camina libre y ligera,  
sin pedir permiso ni dar explicación,  
mis palabras, ecos de la primavera,  
no desafían a Dios, sino al temor.

Te ruego, rompe cadenas de lo viejo,  
la tradición y fe, autoridad ciega;  
con nuevos ojos, ¡alumbremos el abismo!  
y, al dudar, la razón no se repliega.

Milagros llaman al canto del viento,  
al río que esculpe la roca y el mar,  
porque quien prefiere dormir en su cuento  
tiembla ante el saber, prefiere ignorar.

Abramos el libro de lo natural,  
que el esplendor no es obra de azar;  
sin miedo, ni sombra, ni ideas fijas,  
aprendamos a ver, no sólo a mirar.

Cambiar fondo del poema

La verdad camina libre y ligera, sin pedir permiso ni dar explicación, mis palabras, ecos de la primavera, no desafían a Dios, sino al temor. Te ruego, rompe cadenas de lo viejo, la tradición y fe, autoridad ciega; con nuevos ojos, ¡alumbremos el abismo! y, al dudar, la razón no se repliega. Milagros llaman al canto del viento, al río que esculpe la roca y el mar, porque quien prefiere dormir en su cuento tiembla ante el saber, prefiere ignorar. Abramos el libro de lo natural, que el esplendor no es obra de azar; sin miedo, ni sombra, ni ideas fijas, aprendamos a ver, no sólo a mirar.