Es la doncella de alma entera que, habiendo desposado en su interior la firmeza del varón y la ternura de la hembra, camina ya no como sombra de otro, sino como señora de su propio destino; mujer que, sin dejar de ser fuente de vida, ha forjado en su pecho un temple de acero y una luz propia, tornando su ser en un jardín cercado donde florecen, en paz y armonía, la razón y el sentimiento.
Cambiar fondo del poema
Es la doncella de alma entera,
en cuyo pecho unían la vida,
la firmeza que al varón se diera,
y la ternura antigua y querida.
Camina ahora sin ser sombra ajena,
señora de su propio caminar,
tejió con acero su serena
alma que en luz empieza a brillar.
En su jardín de paz y armonía,
razón y sentimiento florecen,
manantial de amor y de valentía,
en su senda firme permanecen.
Ondea libre, mujer sin miedos,
con temple y danza celestial,
unió en su destino, sin conceder credos,
su vida, su esencia, fuerza vital.