Es la doncella de alma entera que, habiendo desposado en su interior la firmeza del varón y la ternura de la hembra, camina ya no como sombra de otro, sino como señora de su propio destino; mujer que, sin dejar de ser fuente de vida, ha forjado en su pecho un temple de acero y una luz propia, tornando su ser en un jardín cercado donde florecen, en paz y armonía, la razón y el sentimiento. Ella le habla con la verdad de quien no necesita permiso para existir, y lo escucha con la ternura de quien no teme ser devorada. Si él intenta colocarla en un pedestal, ella desciende con gracia para tomarle la mano en la tierra firme; si él huye, ella permanece serena en su propio centro, sin perseguir ni mendigar.
Cambiar fondo del poema
Es la doncella de alma entera,
forjada en fuego y cristal,
que desposa en su interior
firmeza y ternura ancestral.
Camina sin sombras ajenas,
señora de su destino,
su pecho es un templo de acero,
su luz, un faro divino.
Jardín cerrado florece
en paz y armonía serena,
razón y sentimiento danzan
bajo su mirada plena.
Habla con verdad desnuda,
no pide permiso al viento,
escucha con tierna calma
sin temor al firmamento.
Si quieren un pedestal,
desciende con leve encanto,
ofrece su mano clara
en la tierra del quebranto.
Y si él en fuga se pierde,
ella, en su centro, se halla,
serena en su propia esencia,
sin rendirse ni batallar.