Era pequeña y escapaba de la casa en un día, porque entendí no eran mi familia a pesar de tener, corrí desesperada con las lágrimas en las mejillas, mirando el cielo y preguntándole ¿Por qué me hizo eso? ¿Por qué me abandonaste? Era pequeña y no iba tan lejos, mi padre se apresuró y me cargó de regreso no entendiendo nada, mientras aún yo lloraba extrañando. Pensaba, el sentimiento más sagrado para mi después del amor, es el gran vértigo en su inmensidad.Es como una adorable melodía inocente, perdida en un mundo vasto e inhóspito que resulta hermosamente inquietante.
Cambiar fondo del poema
Era pequeña, y el mundo gigante,
con pies diminutos corría,
mi llanto era un río errante,
y el cielo mi única guía.
Miré arriba y pregunté al viento:
¿Por qué el abandono, por qué la herida?
Las nubes respondieron en silencio,
con sombras que bailan sin medida.
Mi padre, en su abrazo, era un faro,
en su rostro la duda habitaba,
mientras mi alma, altivo pájaro,
en el vértigo se elevaba.
Ese miedo sagrado, tan vasto,
como melodía perdida en la brisa,
me llevaba del llanto al descanso,
en un mundo que el alma desliza.
Era pequeña, e inmenso el misterio,
una nota en un canto errante,
pero en aquel viaje, un nuevo imperio,
se forjaba en mi ser, vibrante.