Cuando el reloj del universo sea siete y cuatro me estaré formando, cuando el reloj de la tierra sea siete y cuatro estaré renaciendo, cuando los nombres sean siete y cuatro y cada uno sume siete y ocho, el universo entrará por mis ojos.Cuando el nombre de con el nombre del cielo seré carne otra vuelta.
Cambiar fondo del poema
Cuando el reloj del cosmos marque siete y cuatro,
en las entrañas del tiempo me iré formando,
la tierra a las siete y cuatro veré en nuevo contrato,
renaceré, entre mareas, mi ser se irá repensando.
Cuando los nombres sean siete y cuatro,
y cada suma a siete y ocho despierte,
por mis ojos el universo entrará despacio,
en un eterno ciclo que el alma acierte.
Cuando el nombre del cielo se una al mío,
seré carne, viaje vuelto, fuerza y giro,
en el ciclo sin fin del eterno río,
de las estrellas, el destino en su suspiro.