Cuando el reloj del universo sea siete y cuatro me estaré formando, cuando el reloj de la tierra sea siete y cuatro estaré renaciendo, cuando los nombres sean siete y cuatro y cada uno sume siete y ocho, el universo entrará por mis ojos.Cuando el nombre de con el nombre del cielo seré carne otra vuelta.
Cambiar fondo del poema
Cuando el reloj del universo sea siete y cuatro,
me estaré formando en su susurro eterno,
en la danza de estrellas, en el canto matutino,
donde el tiempo es sólo un sueño en su seno.
Cuando el reloj de la tierra sea siete y cuatro,
me encontraré renaciendo en cada hoja caída,
en cada rayo fugaz y cada gota de rocío,
sintiendo la vida que en mí se anida.
Cuando los nombres sean siete y cuatro,
y cada uno sume siete y ocho en su vuelo,
mis ojos serán galaxias abiertas,
bebiendo del cosmos su anhelo.
Y cuando el nombre de con el nombre del cielo se una,
seré carne otra vuelta, en el ciclo eterno,
donde los números susurran las verdades del tiempo,
y el universo, con su brillo, me cobija tierno.