Felicitaciones, seño Naivis, por entregar mucho más que un proyecto: entregó su corazón. Cada noche pensando en cómo enseñar mejor, cada palabra de paciencia con sus estudiantes, cada sonrisa que sembró en las aulas, hoy florece en este logro que no es solo suyo, sino de cada niño que creyó en usted y de cada padre que confió en sus manos.Este premio lleva su nombre, pero también lleva el de los sueños que ayudó a construir, los miedos que convirtió en confianza, y el futuro que hoy se ve más brillante gracias a su entrega.Gracias por enseñar con el alma. Que este triunfo la abrace como usted ha abrazado a tantos. ¡Se lo merece, maestra!Cuatro estrofas
Cambiar fondo del poema
Felicitaciones, seño Naivis,
guardián del fervor,
que enciende estrellas en sombras
y entrega el corazón.
Sus noches hilvanan sueños
de enseñanza sin fin,
cada gesto es una semilla
que florece en el jardín.
Este premio honra su nombre,
y los sueños alude,
miedos vueltos confianza,
futuros de rectitud.
Gracias por enseñar con el alma,
por el cálido abrazo al fermentar,
¡La merecida victoria es suya,
guía de nuestro avanzar!